PISA se inclina a la derecha
¿Qué ocurre cuando una evaluación que no representa a todo el alumnado se utiliza para atacar los derechos de las personas con discapacidad? Partimos de PISA 2025 para preguntar quién queda fuera de la prueba, del aula y del relato, y cómo las derechas convierten sus cifras en una justificación para la segregación.
Aviso de contenido: este episodio menciona simbología nazi, eugenesia, racismo y discriminación contra las personas con discapacidad.
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Transcripción
Título: «PISA se inclina a la derecha»
Transcripción: ACCIUMRed
Duración total: 28’ 05’’ (Veintiocho minutos y cinco segundos).
[Sintonía del podcast]
Hola, soy Mon y estás escuchando, viendo o leyendo el podcast de ACCIUMRed.
[La sintonía se desvanece.]
Hace unas semanas volvía de Alemania, donde pasé prácticamente todo el mes de agosto.
[En pantalla: Captura de dos noticias. elDiario.es: «Miles de personas cruzan a Ceuta en la mayor entrada desde la crisis de 2021» y Público: «El informe de la Policía señala que agentes marroquíes “guiaron” la entrada de migrantes a Ceuta».]
Me había ido con la terrible situación de Ceuta muy presente, donde, una vez más, podemos ver cómo las personas migrantes son utilizadas y cosificadas con fines políticos y estratégicos, como moneda de cambio entre Estados. Creo que al decir «moneda de cambio» me estoy quedando muy larga, porque en este sistema capitalista, liberal, podrido, es más fácil que se le conceda dignidad al dinero, a las monedas y a los billetes. Volví triste, muy triste y, sin duda, me volví más triste todavía.
Pasé ese agosto en Sajonia-Anhalt, donde pude ver la impunidad y el recochineo con el que se mostraban esvásticas, soles negros, códigos que aluden a pasajes supremacistas…
[En pantalla: Sucesión de imágenes: Asistentes a una concentración con camisetas que muestran águilas y simbología nacionalista alemana; Ulrich Siegmund, líder de AfD en Sajonia-Anhalt, ríe sentado en una sala; Alice Weidel, líder de AfD en Alemania, ríe en un acto del partido; David Lane junto a su lema supremacista blanco «14 palabras»: «We must secure the existence of our people and a future for white children» —«Debemos asegurar la existencia de nuestro pueblo y un futuro para los niños blancos»; Logotipo de AfD sobre fondo azul. En la parte superior, el lema «Deutschland. Aber normal.» («Alemania. Pero normal.»).]
Digo que estaba en Sajonia-Anhalt porque allí se celebraron las elecciones el 6 de septiembre y el partido de extrema derecha AfD, Alternativa para Alemania, se llevó un 44 % de los votos. Se quedaron a tres míseros y puñeteros escaños de la mayoría absoluta y de lo que supone un hito terrible. Por primera vez después de la Segunda Guerra Mundial podían llegar a gobernar en solitario, es decir, sin ningún tipo de coalición.
Hablamos del 44 %, que parece acojonante, pero cuidado: son porcentajes que en España Vox ya ha alcanzado en municipios de Castilla y León, con una diferencia. AfD no ha formado parte de ningún gobierno regional.
[En pantalla: Mapa de España de El País con los municipios donde PP y Vox gobiernan en coalición. Los círculos verdes se concentran sobre todo en el centro y el este; los de mayor tamaño aparecen en la Comunidad Valenciana, Madrid y Castilla y León.]
En el caso de Vox, sí ha entrado en gobiernos autonómicos de coalición con el Partido Popular.
[En pantalla: Portada del informe español PISA 2025, con el título del programa y una ilustración de material educativo y científico.]
Con este panorama político sobre la mesa, salen los resultados de la evaluación PISA 2025. PISA es el Programa Internacional para la Evaluación de los Estudiantes, estudiantes de 15 años, y evalúa capacidades como la lectura, las matemáticas y las ciencias. ¿Quién organiza PISA? ¿De quién depende? De la OCDE, la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos.
Nos faltan podcasts para hablar de este utilitarismo de la educación en pro de un objetivo económico y de cómo se le exige al derecho a estudiar, a aprender, a conocer, a saber, que además sea rentable.
[En pantalla: Infografía del informe español PISA 2025 con las puntuaciones medias. España obtiene 477 puntos en ciencias, 453 en lectura y 457 en matemáticas.]
El caso es que, con los resultados publicados, España y Alemania, entre otros países, registran resultados muy bajos. Y esto va a ser una excusa perfecta para todas las derechas para justificar sus burradas capacitistas. Alemania marca su peor puntuación, España empeora con respecto a 2022 y ambas caen en lectura y matemáticas. Cuando hablamos de lectura, hablamos de comprensión lectora, porque leer y comprender no es lo mismo. Nos felicitamos porque hemos conseguido reducir los porcentajes de analfabetismo, pero cuidado con los porcentajes de personas que saben leer y escribir, pero no comprenden lo que leen y no pueden hacer uso de esa información.
Es decir, cuidado con las cifras del analfabetismo funcional.
[En pantalla: Captura de una página de la UNESCO sobre analfabetismo funcional. Define este concepto como la dificultad para usar la lectura, la escritura y la aritmética de forma eficaz en la vida cotidiana y en la comunidad.]
Y sí, claro que hay motivos para preocuparse, pero no son precisamente los motivos y las excusas que van a utilizar la derecha y la extrema derecha para justificarse. Sin desdeñar ningún otro conocimiento, ninguna otra capacidad, habilidad o talento, la comprensión lectora es esencial. Y, como tantas veces insistimos hasta ser pesadas, comprender no acaba en leer. Continúa en el momento en el que tú puedes hacer uso de esa información cuando la necesites, que puede ser nunca.
Es decir, poder decidir libremente qué hacer con lo que comprendes, con lo que has comprendido, con lo que has leído. Ese es el máximo de la comprensión lectora. Y sí, aquí también hablamos de utilidad. La utilidad que da tener criterio y autonomía para decidir. La utilidad que da comprender la información y el contenido.
No sé cuántos escalones nos hará subir en el escalafón económico hablar de comprensión lectora, pero creo que en la vida, en la dignidad y en la justicia, muchísimos.
Y sí, ya sé que la parte más utópica es decidir libremente. Decidir sin presión, decidir sin opresión, decidir sin condicionantes. Pero, como decía el gran Robe, todas sabemos que una utopía es algo imposible. Pero, ojo, con un matiz: es imposible en el momento de su planificación. Porque el objetivo de las utopías es ponernos en marcha.
[En pantalla: Retrato en blanco y negro de Robe Iniesta, con el rostro apoyado sobre una mano.]
[Fragmento de concierto de Robe en Fuengirola, 17 de septiembre de 2021. Antes de interpretar «El camino de las utopías», Robe se dirige al público.]
Robe (audio de concierto): «Todos sabemos que una utopía es algo imposible, pero hay un matiz muy importante: es imposible en ese momento, en el momento de su planificación».
Robe (audio de concierto): «¿Alguien tiene un plan para salvar el mundo? Cuanto más difícil sea ese plan, más orgulloso estarás de él, y si es imposible, mejor aún, porque en el fracaso tendrás también la gloria».
[Música.]
Mon:
La primera pregunta que hay que hacerle a PISA es: ¿quién ha participado en vuestra evaluación? ¿Quién ha participado en vuestro estudio? ¿Habéis excluido a algún alumnado? ¿PISA representa a todo el alumnado de un país?
[En pantalla: Sucesión de capturas de la OCDE sobre PISA. Los documentos señalan que las adaptaciones para estudiantes con discapacidad han sido limitadas y que PISA permite excluir hasta un 5 % del alumnado por motivos como discapacidad, idioma o inaccesibilidad del centro.]
Pues ya os digo algo que no es una sorpresa, pero sí un spoiler: no. PISA no representa a todo el alumnado. Es más, su propia metodología permite la exclusión de escuelas y estudiantes, entre otros motivos, por discapacidad.
Es decir, es permisiva con la discriminación. El alumnado con discapacidad puede quedar discriminado porque va a haber una criba. Lo mismo da que da lo mismo. Quienes necesitan apoyos o adaptaciones son excluidos de la evaluación. Y cuidado, porque después obtendremos unos resultados que a la derecha le van a servir maravillosamente bien para criticar y atacar la educación inclusiva.
[En pantalla: Captura de una búsqueda en Google sobre ACCIUMRed e inclusión. Su vista generada con IA resume su enfoque crítico de la inclusión y destaca la justicia de la discapacidad, las dinámicas de poder y la accesibilidad.]
Ya sabéis —y yo siempre hago este pequeño paréntesis— que nosotras no somos muy afines al término «inclusión», «educación inclusiva» y todas las combinaciones que se puedan hacer, pero creemos que en este caso sirve para posicionarnos dentro del discurso político. Porque lo que se ataca es lo que significa para la derecha la educación inclusiva: que todo el alumnado tenga derecho a la educación. Bien, ¿y toda esta discriminación de dónde viene?
[En pantalla: Sucesión de imágenes: perfil de Mathias Cormann, secretario general de la OCDE, y fotografía de grupo de responsables y representantes de la organización.]
Recordad que la OCDE, que es quien organiza y está detrás de PISA, se hace un planteamiento muy ético, muy de numeritos, y establece que las exclusiones pueden alcanzar como máximo un 5 % del total del alumnado. Es decir, permite que Estados, escuelas, etcétera, excluyan de la evaluación internacional a un 5 % de su alumnado. Un 5 % de discriminación pura y dura parece razonable, ético.
[En pantalla: Tabla del informe PISA 2025 con las tasas de exclusión del alumnado. España alcanza un 7,89 %, Cataluña un 23,22 % y Murcia un 12,72 %, muy por encima del límite del 5 % establecido por la OCDE.]
Hay que cumplirlo. España, que hace lo que le viene en gana, lo supera: llega a un 8 % y, en las escuelas de Cataluña, hasta un 23 %. Estamos hablando de uno de cada cuatro estudiantes. Es una aberración. Y aquí es donde la treta política se muerde la cola.
Según la OCDE, el problema empezaría al superar ese máximo del 5 % que considera tolerable. Si dentro de ese margen se excluye de la evaluación a una persona porque la prueba es inaccesible, si lo hago dentro de ese 5 %, no es un problema de discriminación. A eso lo llamamos un límite estadístico. ¡Porque PISA es inaccesible! Ahora hablaremos de ello: empieza ahora a hacer sus pruebas piloto.
Pues no. Si excluyes a una persona, nos excluyes a todas.
Vamos a poner más datos. ¿Qué podría suceder si un país supera, como España, ese 5 % de exclusión establecido? Vamos a llamarlo ese 5 % de discriminación, que es lo que es. ¿Qué puede pasar con esos resultados? ¿Que saldrían edulcorados?
[En pantalla: Tabla del informe PISA 2025. La OCDE señala que, por sus altas tasas de exclusión, no incluye los datos de Cataluña en los informes internacionales y advierte de un posible sesgo por sobreestimación en los resultados de Murcia.]
Esto rechina, rechina, rechina. Y vamos a ver la lógica que le van a dar a esto las derechas y la OCDE.
Si pones al alumnado que necesita apoyos a hacer una prueba que, perdónenme ustedes, es inaccesible, obviamente su puntuación va a ser inferior por el simple hecho de que la prueba es inaccesible. No porque el alumnado con discapacidad no tenga capacidades o habilidades. El problema no está en ellos. El problema está en el entorno. Y eso no gusta.
Ya veremos ahora el enfado de Alemania y España. La OCDE se justifica con un sesgo estadístico que tapa e intenta encubrir el verdadero sesgo capacitista y racista. El sesgo capacitista de unos y otros oculta las carencias de un sistema que no quiere, ni sabe, ni le interesa dar respuesta. Cada uno con sus razones: aquí, por H o por B, todo el mundo se tapa las vergüenzas.
[En pantalla: Tres gráficos muestran la evolución de las puntuaciones de España en PISA en lectura, matemáticas y ciencias. En las tres áreas se observa un descenso reciente y España se sitúa por debajo de la media de la OCDE.]
¿Y cuál va a ser la lectura de las derechas? Va a ser una lectura mágica, porque a esos resultados de PISA les van a dar un contexto falso. Y por falso entendemos algo que no está demostrado, que no hay nada que sustente esa realidad. Pero les van a dar un contexto, una justificación.
¿Y qué van a decir? Que llevamos en los últimos años un lastre que no nos deja brillar, que no se notan los resultados porque todo es culpa de la educación inclusiva. Llevamos a cuestas a las personas con discapacidad, que ralentizan el aprendizaje y los resultados de nuestros hijos y nuestras hijas.
¿Quién va a tener la culpa de unos resultados que, más allá de ser estadísticas, no representan una realidad porque la base ya está sesgada? Las personas con discapacidad. Las personas migrantes, por supuesto.
[En pantalla: Carlo Clemens, miembro de AfD: «Décadas de experimentos educativos, desde escuelas integrales hasta la inclusión, han desmantelado un sistema educativo probado. A esto se suman tendencias sociales más amplias, como la migración masiva descontrolada, que sobrecargan a las autoridades escolares locales y al profesorado.»]
Y repetimos: no hay ni un solo dato oficial que respalde o justifique esa conexión causal. La educación inclusiva no es la causa. Eso es hacer que los números cuadren y casen con el prejuicio. Punto pelota.
[En pantalla: Meme generado con IA: Santiago Abascal, Alberto Núñez Feijóo y Alice Weidel aparecen llorando, en tono satírico, cuando se afirma que la educación inclusiva no es responsable de los resultados de PISA.]
La derecha que segrega culpa a la educación inclusiva porque transformar la escuela va en contra del proyecto de desmantelar los servicios públicos. No compensa. Es más rentable expulsar, segregar, separar, culpar, discriminar. Eso es mucho más rentable.
[En pantalla: Sucesión de imágenes: noticias sobre privatización de servicios sociales y críticas al desmantelamiento de la sanidad pública; materiales y recortes históricos que utilizan términos hoy ofensivos para referirse a personas con discapacidad; y una página del BOE de 1970 sobre educación especial que habla de «deficientes e inadaptados».]
Para la extrema derecha, porque lo suyo ya es un delirio eugenésico. No van a encajar ese ideal puro normativo. Es un delirio eugenésico que, evidentemente, no es actual.
[En pantalla: Cartel de propaganda nazi, mostrado en alemán y con traducción al español. Junto a la imagen de una persona con discapacidad se afirma que «esta persona con una enfermedad hereditaria cuesta 60.000 marcos» y se apela al dinero del «compatriota».]
Y, por otra parte, está la OCDE.
[En pantalla: Sucesión de imágenes: retratos de Donald J. Johnston, Ángel Gurría y Mathias Cormann, secretarios generales de la OCDE desde 1996 hasta la actualidad; y un documento de Naciones Unidas sobre la Convención de los Derechos de las Personas con Discapacidad, que subraya que todo el sistema educativo debe ser accesible, incluidas las evaluaciones y los materiales.]
A pesar de que está haciendo ahora estudios piloto, hasta ahora garantizar el derecho a la educación de las personas con discapacidad no casa con una lógica económica. Si evalúas la educación desde un enfoque económico, evidentemente los derechos tampoco salen rentables.
[En pantalla: Una diapositiva señala factores que atraviesan la educación: políticas educativas, segregación y privatización; financiación y reparto de recursos; apoyos, accesibilidad y capacitismo; cuidados, familias, redes y comunidades; salud, descanso y condiciones de vida; profesorado, ratios y condiciones laborales; violencias, convivencia y pertenencia; migración, cultura, racismo y barreras lingüísticas; entorno digital, redes y economía de la atención; y desigualdad socioeconómica, clasismo y condiciones materiales.]
Es que no le renta a nadie. La profecía autocumplida. Se niegan los apoyos que el alumnado necesita para aprender, para comprender, para estudiar. Después, las dificultades y las barreras con las que se encuentra se utilizan para decir: «Hostia, es que la inclusión no funciona». Pero es que le niegas los apoyos. ¿Qué coño quieres que funcione?
Y ese supuesto fracaso —«la inclusión, la educación inclusiva, no funciona porque es un lastre»— justifica otra vez una política segregacionista, separatista. Manolo, es muy sencillo. Si les niegas los apoyos porque no te sale rentable, porque no va con tu ideal eugenésico o por la razón que tú quieras, está claro que la cosa no va a ir bien. ¿No será que te conviene?
[En pantalla: Captura del programa de AfD sobre educación. Se destaca el artículo 4, con el título «¡Nada de experimentos con nuestros niños!».]
Y, si no, fijaos en la alusión que hace AfD, el partido de extrema derecha, en su programa electoral: «El experimento de la inclusión ha fracasado y debe terminar. Nuestra propuesta es ampliar las escuelas segregadas». El experimento de la inclusión. «Experimento». Tiene narices que habléis vosotros de experimento.
[En pantalla: Sucesión de imágenes históricas sobre la persecución nazi de personas con discapacidad: fotografías de instituciones y traslados en autobús; y una lámina del Museo del Holocausto de Estados Unidos sobre la ley nazi de 1933 que impuso la esterilización forzada de personas con determinados diagnósticos y discapacidades.]
Pero, cuidado, no hay que irse a Alemania. En España, hace solo dos o tres días, 11 de las 17 comunidades autónomas rechazaban el Plan Estratégico de Educación Inclusiva.
[En pantalla: Sucesión de capturas de noticias. Discamedia señala que doce comunidades autónomas rechazaron el Plan de Educación Inclusiva del Gobierno. Ara informa de que PP y Vox frenan el plan estatal para impulsar la escuela inclusiva]
Algún tipo de rentabilidad le han tenido que ver a la accesibilidad o a la inclusión porque la OCDE, que recordemos que no disponía de accesibilidad en sus pruebas, publicó un piloto en siete países con una prueba de ciencias adaptada para alumnado con discapacidad visual, dificultades de comprensión lectora, de atención, de autorregulación, etcétera.
[En pantalla: Sucesión de capturas de un estudio de la OCDE sobre adaptaciones en PISA. El piloto, realizado en siete países, concluye que el alumnado con necesidades educativas especiales puede participar de forma significativa cuando se ofrecen adaptaciones adecuadas y herramientas de accesibilidad.]
Y, oh, sorpresa, publica los resultados y dice que ha encontrado indicios prometedores de que, con ajustes y adaptaciones, más alumnado podría participar en las pruebas. Es decir, encuentra indicios de que la accesibilidad funciona. En fin. Aprovechen ustedes esos indicios maravillosos, que para algunas no son un secreto, y escuchen de una vez por todas, de una puñetera vez, a las comunidades educativas que llevan años, décadas, trabajando para hacer posible esa participación y exigiendo derechos.
Porque, antes de salir a anunciar que la educación está fracasando, yo preguntaría en qué condiciones estamos intentando sostener esa educación. Aunque tú llámame conspiracionista, a mí me da que se sabe perfectamente en qué condiciones políticas, sociales, económicas, personales y humanas.
En España, el 72 % del alumnado estudia en centros en los que falta personal de apoyo. Esas son las condiciones. Eso no son indicios. Hablen ustedes con esas comunidades, con esos equipos, con esas familias.
Por eso me resisto personalmente a comprar la idea o el marco de «crisis educativa», como si la educación se hubiera jodido ella sola. Como si detrás no hubiera decisiones políticas, intereses económicos y sociales, prioridades que, a mi juicio, tienen bastante que ver con los discursos que están ganando en las encuestas y en las elecciones.
[En pantalla: Sucesión de infografías del informe «Estado del poder 2026: Fascismo», de Transnational Institute y Reactionary International. Muestran el crecimiento de la extrema derecha en Europa y América Latina, sus vínculos con grandes plataformas tecnológicas y redes de financiación internacional, y un mapa de conexiones de la red Atlas y sus aliados.]
Está muy bien que haya pruebas piloto y que se investigue, pero no podemos esperar más. Hay alumnado, familias, docentes, aliades que llevan años explicando qué narices pasa, qué necesitan y qué están consiguiendo cambiar con mucha fuerza y pocos recursos.
[En pantalla: Sucesión de datos sobre acoso escolar y discapacidad: el INE señala que una de cada cinco personas con discapacidad de 6 a 15 años escolarizadas sufrió acoso por motivo de su discapacidad; otro estudio de Fundación ONCE y CERMI recoge consecuencias como miedo, baja autoestima, tristeza, menor motivación para asistir a clase y empeoramiento del rendimiento académico.]
[En pantalla: Sucesión de capturas sobre el caso de Rubén Calleja. SOLCOM informa de que el Tribunal Supremo reconoce el valor vinculante de los dictámenes del Comité de la ONU sobre los Derechos de las Personas con Discapacidad. El País recoge que Rubén, obligado de niño a matricularse en educación especial, será indemnizado con 25.000 euros por vulneración de su derecho a una educación inclusiva.]
A menudo, a costa de su propio tiempo, de su salud mental, de su agotamiento y, ojo, del sentimiento de culpa: ahí van las familias. Y sentimientos de insuficiencia.
[En pantalla: Captura del acta taquigráfica del Congreso del 27 de mayo de 2026. En una intervención de Vox, el diputado Robles López se refiere al alumnado con necesidades educativas especiales como «alumnos que causan problemas o que son problemáticos» y propone no cerrar centros de educación especial, aumentar su presupuesto y convertirlos en centros de alta especialización y referencia.]
Pero ¿qué quieres si del alumnado se dicen cosas como que hay un tipo de alumnado que causa problemas? Que hay un tipo de alumnado que es problemático. Estamos hablando del alumnado con discapacidad. Y así abren y cierran el debate: «el alumnado problemático». Porque la culpa es del otro, de los otros. No importa si hay barreras, si no hay barreras, si se están pisoteando derechos humanos, si te estás pasando la ley por el forro.
No, hombre, no.
[Con ironía.]
Tu problema es el alumnado. Y así empaquetas. Tienes un paquete de Amazon bien cerradito y desplazas la responsabilidad.
Y lo que decíamos antes: ahora es la persona con discapacidad quien tiene que justificar su existencia, su presencia, en lugar de tú, como clase política, justificar por qué faltan apoyos en clase, por qué discriminas.
Esto va por don Joaquín, diputado de Vox, y por todos los que de boquilla se hinchan a hablar de inclusión y después, a la hora de la verdad… ¿Y por qué hablamos también de los de boquilla, de quienes se hinchan a hablar de inclusión y de derechos, pero después, a la hora de la verdad, hay que rascar? Porque poner a una alumna en un aula ordinaria, escribir su nombre en la lista y sacarla en la foto de fin de curso no es inclusión ni es nada.
Eso no es proteger y defender sus derechos.
[En pantalla: Sucesión de ejemplos de discriminación en la escuela: testimonios de la campaña «Y no pasa nada» cuentan casos de alumnado con discapacidad apartado de la actividad de clase, solo en el recreo, excluido de exámenes o sin apoyos suficientes. A continuación, una noticia de la Cadena SER informa de que un colegio de Talavera impidió a un niño con síndrome de Down participar en una excursión por falta de personal de apoyo.]
Dejarla allí y no ponerle materiales adaptados o recursos de apoyo tampoco. Que no te importe si el ruido la desestabiliza, la pone nerviosa. Que te moleste más que pueda alborotar la clase. Que no tengas en cuenta sus tiempos, menos o más, los que necesite. Eso tampoco es ejercer su derecho a la educación.
[En pantalla: Captura del perfil de Instagram de Belén Jurado, «La habitación de Lucía», rodeado de numerosos testimonios de la campaña «#YNoPasaNada» sobre discriminación, falta de apoyos, aislamiento y vulneración de derechos del alumnado con discapacidad.]
Tampoco lo es apartarla en otra clase, no dejarla salir al recreo. O dejarla salir y que no te importe ni intervengas cuando esa alumna pasa los recreos sola. Eso tampoco es permitir, hacer, luchar para que pueda ejercer su derecho a la educación. Tenerla en la misma escuela pintando muñequitos, dibujando muñequitos, mientras el resto del alumnado aprende. Eso tampoco es.
[En pantalla: Sucesión de capturas. La página de «Quererla es crearla» dedicada a la campaña «Y no pasa nada», que recoge testimonios y denuncia vulneraciones del derecho a la educación normalizadas en la escuela. A continuación, la web «La habitación de Lucía», de Belén Jurado.]
De todo esto hablan los testimonios de la campaña «Y no pasa nada», que impulsó Belén Jurado y que recoge la web Quererla es crearla. También podéis encontrarlos directamente en el blog de Belén o en sus redes sociales. En esa campaña, familias, alumnado, profesionales y gente implicada cuentan experiencias de discriminación, cómo experimentan y viven el horror de sentirse discriminados, de sentirse fuera.
Porque todo esto pasa. Pasa mucho. Pasa demasiado. Pasa a todas horas, en todas partes. Y cuando pasa, después deja de pasar lo que tiene que pasar de verdad: que se activen los mecanismos para defender los derechos de ese alumnado.
Además, en la página web de Quererla es crearla (creemoseducacioninclusiva.com) encontraréis un montón de personas que trabajan contra toda esta discriminación a través de la investigación y de las experiencias personales. Personas inmensas que realmente se están organizando para transformar la escuela y todo lo que ello implica. Pasaos por allí.
[En pantalla: Sucesión de capturas del CEIP La Parra de Almáchar, en Málaga. Su página de Facebook y una página de «Quererla es crearla» que presenta al centro como una comunidad de aprendizaje que trabaja de forma participativa para transformar las relaciones, mejorar la convivencia y detectar barreras en la escuela y su entorno.]
Y, a los señores de las pruebas piloto, consulten a estos centros. En el colegio La Parra, de Almáchar, por ejemplo, incorporan las voces de las familias, identifican las barreras, deciden y trabajan juntos.
Cuando algo funciona, bien. Cuando no funciona, hay que cambiar. Y todo esto está documentado. Hay documentación. Compartir el conocimiento es parte de esa investigación y de esa realidad.
Hay mucha gente currando, mucha. Mucho alumnado con discapacidad dejándose la piel para que la respuesta a la injusticia que vive no sea otra excusa. Y menos la excusa de quienes deben garantizar sus derechos.
Y ojo: no tendrían que dejarse la piel, porque no tienen que demostrar nada. No tienen que justificar ni su presencia ni su existencia. Tienen derecho a ir a la escuela.
Punto pelota. Así que, señoras, señores —seguro que hay muchísimos señores— de la OCDE: si necesitan ampliar esos «indicios prometedores», pásense por creemoseducacioninclusiva.com. Porque, de nuevo, hay investigación, hay recursos accesibles, la página es accesible.
Y hay personas. Todo son personas. Muchas personas. De personas a personas, con personas, para personas.
[En pantalla: Indira Martínez, activista e integrante de Estudiantes por la Inclusión (EXI), hablando a cámara.]
Indira Martínez: «Yo soy Indira. Quiero ser política y activista. Bueno, activista ya soy. Y aunque el sistema no me quiera, yo siempre seré activista. Siempre.
Tenemos derecho a la educación, a la sanidad, a casarnos, a tener hijos si queremos. Y por eso os digo: agarrad fuerte vuestros derechos, porque son vuestros y nadie os los puede quitar».
Mon:
Creo que es hora de ir acabando. Si has estado en un espacio que se presentaba como inclusivo y tu experiencia apenas contaba; si te has sentido discriminada; si, en definitiva, no cumplía con lo que decía, queremos leerte, escucharte, como tú quieras expresarte.
Aquí nos tienes: en las redes sociales, en nuestra página web, en nuestro correo electrónico, donde necesites. Cuéntanoslo.
En pantalla: Vías de contacto de ACCIUMRed: eva.acciumred.com, [hola@acciumred.com, Instagram @acciumred_media, Bluesky @acciumred.bsky.social y Mastodon @acciumred@neopaquita.es.]
Gracias por escucharnos, por vernos, por leernos. Cuídate y mantente entre cuidados.
[En pantalla: Primer plano de la camiseta negra que lleva puesta Mon, con el mensaje «Libertad para Palestina».]
Robe (audio): «Una utopía es algo muy difícil de conseguir».
[El público vitorea.]
Robe (audio): «Sí, claro, y de entender. ¿No te jode? No es verdad…»
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