Portada del último álbum de Shane Koyczan.
 

Instrucciones para un mal día

Colaboración estudiantil, de Shane Koyczan.

Instrucciones para un mal día: colaboración estudiantil. Shane Koyczan

«Instrucciones para un mal día», de Shane Koyczan

Habrá días malos. Mantén la calma. Afloja tu agarre, abre cada palma lentamente. Suelta. Ten confianza. Entiende que ‘ahora’ es solo un momento, y que si hoy es lo peor que puede ser, entiende que para mañana, hoy habrá terminado. Sé amable. Acepta cada mano extendida que se ofrece para sacarte de ese lugar del que no puedes escapar. Sé diligente. Raspa el cielo gris hasta limpiarlo. Reconoce que cada nube oscura es una cortina de humo destinada a cegarnos de la verdad, y la verdad es que, ya sea que los veamos o no, el sol y la luna aún están ahí y siempre hay luz.

Sé franca. A pesar de tu instinto de decir «está bien, estoy bien», sé honesta. Expresa cómo te sientes sin miedo ni culpa, sin remordimiento o complejidad. Explícate de forma clara. Sé firme en tu resistencia. Si crees por un segundo que nadie sabe por lo que has pasado, acepta que puedes estar equivocada, que los profundos y pesados suspiros de desesperación en ocasiones han sido sentidos por otras personas; ese dolor es parte de la condición humana y eso solo te convierte en una legión.

Nosotras, las menospreciadas, las que nos levantamos con el alba, las que desafiamos las probabilidades, las que bendicen el camino, nos posicionaremos en la calma. Nos mantendremos firmes; prepárate. La vida vendrá armada con tiempos difíciles y decisiones difíciles. Tu voz es tu arma, tus pensamientos, tu munición – no hay vidas extra gratuitas. Sé consciente de que, a medida que el instante presente pasa, existe ahora como entonces. Así que sé un espejo, reflejándote a ti misma y recordando las veces que pensaste que todo esto era demasiado difícil y que nunca lo superarías.

Recuerda las veces que podrías haber abandonado, pero elegiste continuar. Sé compasiva. Vivir con el peso de la ira no es vivir. Centrarte en la ira te dejará completamente vacía de lo que necesitas. El amor y el odio son bestias, y la que crece es a la que alimentas. Sé persistente. Sé la hierba que crece a través de las grietas en el cemento, hermosa, porque no sabe que no se supone que debe crecer allí. Sé resuelta. Declara lo que aceptas como verdadero con la certeza con la que lo aceptas.

Si estás teniendo un buen día, sé considerada. Una simple sonrisa puede ser el botiquín que alguien ha estado buscando. Si crees con total honestidad que estás haciendo todo lo posible – haz más.

Habrá días malos, momentos en que el mundo pesará sobre ti durante tanto tiempo que buscarás una salida fácil. Habrá momentos en que la sequía de alegría parezca interminable, momentos fingiendo que todo está bien cuando claramente no lo está. Revisa tu punto ciego. Ve que el amor sigue ahí; sé paciente. Cada pesadilla tiene un comienzo, pero cada mal día tiene un final. Ignora lo que otros te han llamado. Yo te llamo amigo. Haznos comprender la urgencia de tu crisis. El silencio, si se deja a su aire, engendra silencio.

Así que habla y sé escuchada. Palabra tras palabra, exprésate y contextualiza tu vida; si ves que nadie está escuchando, eleva la voz. Haz ruido. Mantente firme y sé abierta. Esperar en estas situaciones no es suficiente, y necesitarás alguien en quien apoyarte. En el improbable caso de que no tengas a nadie, mira de nuevo. Todos tienen la habilidad de escuchar. Las personas sordas te escucharán con sus ojos. Las personas ciegas te verán con sus manos. Llena sus kioskos con tu corazón; deja que lo lean todo. Admite los malos días, las noches imposibles. Escucha las percepciones de quienes han estado ahí pero han vuelto. Te dirán: puedes acumular miseria, puedes empacar desesperación, incluso puedes vestir tu dolor, pero mañana debes cambiar de ropa.

Todos conocen el dolor. No estamos destinadas a cargarlo para siempre. Nunca se suponía que lo mantuviéramos tan cerca, así que ten la certeza de que el dolor que pertenece al ahora pronto pertenecerá al entonces. Cuando alguien te pregunte cómo estuvo tu día, date cuenta de que para algunas de nosotras, es la única forma que conocemos de decir: «Mantén la calma. Afloja tu agarre, abriendo cada palma lentamente, y suéltalo todo.»